Ponte en situación. Hace un par de años estaba metiendo a mis niñas a la cama súper acelerado. Entonces me dedicaron una frase que me hizo cambiar todo mi proceso de trabajo:
“Papá, yo no tengo la culpa de que todavía te quede la newsletter.”
La frase me desarmó sin dramatismos y sin reproches. Solo una constatación sencilla: yo estaba metiendo prisa en casa por algo que solo estaba en mi cabeza.
Hasta ese momento no había sido plenamente consciente de lo que significaba tener una tarea diaria que cerrar sí o sí. Escribía una newsletter cada día, y si no la tenía casi terminada, era un marrón que sobrevolaba en mi cabeza.
